martes, 20 de abril de 2010

A.L.I.C.E.

GUSTAVO ARCINIEGA ALICE se encuentra bajo tierra, a 100 metros de lasuperficie terrestre rumbo al infierno dantesco. Para encontrarla hay que ir a la frontera entre Francia y Suiza, más precisamente entre la comuna de Meyrin en el Cantón de Ginebra y la comuna de Saint-Genis-Pouilly en el departamento de Ain. ALICE no es una mujer y ni siquiera es un humano, ALICE es Un Gran Experimento de Colisiones de Iones pero dicho en ingles “A Large Ion Collider Experiment ”, ahora dicho en términos menos técnicos y en español, ALICE es un experimento que se está llevando a cabo (sí, justo ahora, desde enero y hasta sabe cuándo) en uno de los laboratorios de investigación en física de partículas más importantes del mundo. Al centro se le conoce como CERN por sus siglas en francés (Conseil Européen pour la Recherche Nucléarie) y fue establecido en 1954 bajo un esfuerzo conjunto de 11 países del Oeste de Europa, en pocas palabras, no existe un dueño sino un conjunto de países que trabajan juntos financiando entre todos sus operaciones y tomando las decisiones de la organización. Ahora el CERN cuenta con 20 países miembros pero otros 28 países no miembros participan también con científicos logrando ser un ejemplo de cooperación científica internacional.


Volviendo a ALICE, resulta que nuestro personaje es sólo uno de varios experimentos que se llevan a cabo en el famosísimo LHC (sí, ustedes lectores están obligados moralmente a saber del LHC, ya lo dije, es famosísimo). El LHC es el experimento del milenio en el área de la física. El LHC es el país de las maravillas de la ciencia moderna. El LHC es el Gran Colisionador de Hadrones, pero, de nuevo, en inglés: Large Hadron Collider. El nombre responde a lo siguiente, tiene el adjetivo “Gran” porque consta de un túnel circular, bajo tierra, que tiene un perímetro de 27 kilómetros, es decir, si ustedes se montan en un carrito de golf dentro del túnel y lo recorren a una velocidad de 27 km/h, tardarán 1 hora en regresar al punto en donde iniciaron el recorrido, por eso es “Gran”. Tiene la palabra “Colisionador” porque la intención del experimento es poder colisionar partículas. Las partículas que colisionan son hadrones, los cuales son partículas mucho más grandes que los electrones (de ahí el término hadrones pues hadros quiere decir “grande” en griego), sin embargo no son cualquier tipo de hadrón el que se utiliza, las partículas que se colisionan son los protones y los iones de plomo (átomos de plomo con exceso o falta de algunos electrones) porque tienen carga eléctrica y porque para poder colisionarlos se requiere primero poder acelerarlos y dirigirlos de manera que lleguen a estrellarse en algún lugar deseado.


Bueno, la manera de acelerar partículas es utilizando sus propiedades eléctricas y magnéticas y para esto se utilizan imanes superconductores (imanes que se enfrían a una temperatura de -271.3ºC, es decir a 1.9 grados por encima del cero absoluto de temperatura, y que a estas temperaturas los electrones que tienen los imanes se mueven sin resistencia por parte del material, es decir, para no perdernos en tecnisismos, un imán superconductor lo podemos considerar como un “súper imán”).que aprovechan que tienen carga eléctrica las partículas para “jalarlas” y acelerarlas durante 20 minutos circulando a lo largo del túnel hasta que las partículas alcanzan una velocidad muy cercana a la velocidad con la que viaja la luz (¿alguna vez han visto la velociad con la que viaja la luz? Pues la luz viaja aproximadamente a 300,000 Km/s, es decir, recorre trescientos mil kilómetros en un segundo), para tener una idea de la velocidad que alcanzan, cada protón le da más de 11,000 vueltas al túnel de 27 kilómetros en un segundo (sí, en un segundo). Volviendo una vez más a ALICE, dijimos que ALICE es uno de los experimentos del LHC en donde se aceleran partículas con carga eléctrica en un túnel de 27 kilómetros. Las partículas se dividen en dos haces y se les hacen viajar en sentido contrario en el túnel hasta que alcanzan la velocidad cercana a la luz y se dirigen a un lugar donde los haces se encuentran y chocan entre sí. El choque lleva tanta energía que las partículas se “rompen” y el país de las maravillas se materializa, pero en lugar de sombrereros y conejos blancos, una pléyade de partículas nuevas aparecen y se aniquilan y suposiciones, que hasta el momento varias teorías de la física tienen, pueden ser respondidas o, por lo menos, dar pistas sobre ellas. Algunas inquietudes en la física como la materia oscura, que algunos científicos creen que permea el Universo, dimensiones extra, que existen en la Teoría de Cuerdas, el bosón de Higgs, tan importante en el modelo de partículas que tenemos actualmente, u otras pistas que darían qué decir en las teorías supersimétricas, se espera que sean respondidas, al menos en parte, por este gran experimento. ¿Y ALICE?, pues bien, ALICE es el experimento que intenta dar respuesta a una de las preguntas que se ubican en los momentos muy cercanos al Big Bang de nuestro Universo, me refiero a un estado de la materia conocido como el plasma de cuarks y gluones (cuarks son partículas más pequeñas que los protones y neutrones y que, de hecho, los protones y neutrones se encuentran formados por una combinación de tres de estos cuarks; los gluones son los responsables de mantener pegados a los cuarks para que formen a los protones y neutrones y otras partículas que se conocen).


Algo interesante de ALICE es que es un experimento en donde tenemos gente trabajando que pertenece al Instituto de Ciencias Nucleares y al Instituto de Física de la UNAM, gente de la Universidad Autónoma de Sinaloa, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados de México y Mérida, y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En ALICE hay colaborando más de 1000 científicos de 94 institutos diferentes de 28 países del mundo, pero en ALICE hay científicos de México y eso hay que tenerlo en cuenta pues es importante que la ciencia mexicana sea parte del país de las maravillas y no perdernos de las sorpresas que la ciencia tiene capacidad actualmente de realizar.


Se puede leer el artículo también en el Suplemento Cultural Guardagujas de la Jornada de Aguascalientes, he aquí el link: http://www.lajornadaaguascalientes.com.mx/guardagujas/?p=549

jueves, 15 de abril de 2010

La Jornada d. B. La historieta mexicana como un reflejo de la ciudad. El caso de La Familia Burrón.

En México, la historieta ha sido un campo fértil para quienes buscan abordar el estudio de la sociedad mexicana a partir de lo que se lee, a partir de la literatura de más fácil acceso; por ejemplo Irene Herner en Mitos y Monitos. Historietas y fotonovelas en México explica que en el año de 1977, se editaban en México, setenta millones de ejemplares de historietas y fotonovelas de los cuales, el ochenta por ciento eran “cuentos” y el veinte por ciento fotonovelas.[1] Y Aurrecoechea afirma que a mediados de los años ochenta el lector mexicano se convirtió en el mayor consumidor de historietas en todo el mundo cuando el promedio anual de lectura de historietas alcanzó los dos mil millones.[2]






Escoger la Familia Burrón como historieta específica para el análisis del artículo que aquí se propone responde fundamentalmente a que es, junto con El Libro semanal, la única historieta que permanece a la venta desde aquellos años de la década de los cuarenta con historias originales y no reediciones de números ya publicados como es el caso de Memín Pingüín o Lágrimas, risas y amor. Intentaremos analizarla a partir de las categorías propuestas por una lado, por Lewis en su Cultura de la Pobreza y por otro lado, por Armando Bartra y su estudio sobre la ‘utopía de la escasez’ y el sistema del campesinado o de los ‘orilleros’.

Gabriel Vargas presenta, en la inmensa mayoría de las entregas semanales, un capítulo enmarcado en el entorno urbano de la vecindad del Callejón de Cuajo y las calles de ese barrio, debe sobreentenderse claro, que esta vecindad y este barrio están inscritos en el Centro Histórico de la Ciudad de México y es, por tanto, el retrato de esos habitantes. Sin embargo, nos ha regalado también varios capítulos que se desarrollan en un contexto rural o de periferia radical, tal es el caso de la Colonia ‘El Terregal’ lugar de asiento de la pareja de pepenadores Don Susano Cantarranas y La Divina Chuy, o el pueblo ‘La Coyotera’ cuna del cacicazgo y dominio del mandamás Don Briagoberto Memelas.



De este modo, cada una de las lecturas hechas sobre estos autores, servirá para analizar lo urbano y lo rural, es decir, Lewis nos auxiliará para interpretar la historieta cuyos contenidos se desarrollen en la Ciudad y Bartra lo hará con el contexto rural. A continuación presentaremos el análisis de los textos propuestos y las categorías que servirán para nuestro estudio.

Antes de presentar el retrato de la familia urbana que presenta Vargas en su obra, debemos definir términos como vida cotidiana e imaginario. Para tal efecto echaremos mano de lo expuesto por Lefebvre y Ágnes Heller. Para Lefevre la vida cotidiana es “lo humilde y lo sólido, lo que se da por supuesto, aquello cuyas partes y fragmentos se encadenan en un empleo del tiempo [...] Es lo que no lleva fecha. Es lo insignificante.”[3] Esta insignificancia de acontecimientos supuestos resulta aparente cuando se estudia bajo la lupa de la Antropología de la pobreza de Lewis y se aplica a la historieta como un espejo de la realidad pues si bien aceptamos que existe una enorme distancia entre la vida cotidiana ‘real’ y lo narrado en la historieta La Familia Burrón, también sostenemos que la pobreza ha sido tan bien retratada en la literatura que el propio Lewis da cuenta de las valoraciones que del pobre se han hecho en ésta para su propio estudio y por tanto aplicar el sentido inverso a un mismo fenómeno puede resultar válido.

Genaro Zalpa afirma que los mexicanos reconocen que las historietas que leen no son más que cuentos, por tanto, no responden a sus realidades. Entonces ¿por qué son parte del mundo en el que el mexicano vive?, ¿por qué permean hasta la forma de hablar y la transforman?, ¿cómo explicamos que esas historias reconocidas como ficticias, y específicamente la obra de Vargas, han convivido con el mundo “real” de forma tan natural? La respuesta la da el mismo Vargas cuando reconoce que La Familia Burrón ofrece una alternativa al lector mexicano que busca identificarse ya que él “ha creado personajes mexicanos y los ha puesto en un auténtico ambiente mexicano.”[4]

El análisis de la historieta lo haremos entonces a partir de tres ámbitos de la vida cotidiana que estarán en continuo contacto con los imaginarios que se presentan en la historieta: a) El trabajo, entendido como la actividad productiva o profesional; b) La vida familiar y social, es decir, las relaciones afectivas y sociales y, c) El empleo del tiempo libre —el ocio y la cultura—.

a) El trabajo: la familia Burrón desde sus inicios en los que acuñó el nombre Los Burrón o vida de perro reflejaba todos los intentos que hacía Regino Burrón para obtener dinero a través del trabajo diario sin que dichos esfuerzos rindieran frutos. A lo largo de la historieta Vargas da cuenta del desempleo y la mala situación económica que viven los habitantes de la clase baja de la ciudad, incluso en el capítulo 17382 del 29 de enero de 1978, en voz de Borola, se queja abiertamente de las instituciones:

Esta maldita situación revienta a cualquiera. Puro bla bla bla, pero nadie que haga algo efectivo. Por todos lados se ven caras tristes y angustiadas. Los niños son los que me causan pena por no saber por qué sus padres les dan de comer sólo una vez al día. No sé qué nos está pasando a los mexicanos que no hacemos nada por defendernos.[5]

Problemas como la falta de agua corriente dentro de las viviendas o los problemas relacionados con la delincuencia y la inadecuada protección policiaca en la comunidad; bandas callejeras de perros feroces, vivienda precaria, analfabetismo son abordados abiertamente en la historieta.



En el No. 1547 (año XVIII, 29 de abril de 2008) Borola va con el diputado Chóforo Barreto para reclamarle la falta de servicios básicos en su vecindad y le pide que haga algo: “Mira Choforo, nuestro barrio es el más abandonado de México, es un verdadero muladar, así que vengo a pedirte ayuda para que gocemos de los servicios, a los que tenemos derecho.”[6]

La historieta utiliza de vez en vez un formato llamado ‘recortes’ para presentar una serie de denuncias sobre los problemas que presenta la Ciudad de México, incluso en las guardas de las portadas, se aprovecha el espacio para hacerle saber al lector que hizo bien al comprar la historieta pues en ésta se tratan los problemas de manera seria. Por ejemplo, la guarda que lleva el siguiente texto:

“bajita la mano... sí, porque entre broma y broma “La familia Burrón” le señala los problemas y lacras que padecemos. Todos los números que publicamos, hablan de cosas serias que suceden en nuestro país. Hizo muy bien en adquirir los libros de esta colección.”[7]

Vargas señala la vivienda precaria en la que viven Don Susano Cantarranas y la Divina Chuy, dos pepenadores alcohólicos; los asaltos continuos en colonias populares. Incluso nos da un consejo para no ser asaltados: “los rateros sólo asaltan a los tarugos, no a los que caminan abusados, moviendo los ojos como caracol”; los changarros que también son víctimas de las pandillas que piden dinero a cambio de ‘protección’; la corrupción que se manifiesta en mordidas o la utilización de funcionarios influyentes para obtener favores o servicios, por ejemplo, en el número 17311
[8] Borola consigue ser agente de tránsito gracias a la amistad que tiene con un alto jefe administrativo policiaco, incluso habla de algunos de los métodos de fraude electoral que incluyen la utilización de nombres de personas fallecidas en las listas de registro y la intimidación del electorado en las casillas de votación.[9]


Asimismo mantiene de manera casi heroica varios giros comerciales y gremiales como la construcción, gremio en el que en la historieta, se empieza desde lodero; el estanquillo como ese lugar en el que se encontraba desde una corcholata hasta la llamada telefónica que cambiaba la vida de cualquiera; el transporte colectivo (aunque sobre éste, la mayoría de las veces se queja); las pulquerías que se leen más vigentes que nunca.

b) La vida familiar y social: La Familia Burrón está conformada por cinco integrantes, Borola Tacuche de Burrón, la madre; Regino Burrón, el padre encargado de la peluquería ‘El rizo de Oro’; Macuca, la hija que siempre acompaña a su madre; Regino jr. o el Tejocote y Foforito, hijo natural de Don Susano Cantarrana y la Divina Chuy, pero que fue regalado a la familia Burrón.

Cada episodio se presenta a través de un epígrafe que presenta la situación, se describe la acción inicial de los personajes y se les deja actuar en estilo directo con Borola en la batuta, utilizando a Regino en el plano moral de lo correcto y lo honesto y completando el cuadro con el eterno retrato inmóvil y a veces desapercibido de los hijos. Para Monsiváis, el tema muchas veces se traslada al reino de lo ilógico y lo absurdo y se remata con un final que devuelve a Borola al plano cotidiano casi inmediatamente (en algunos episodios, Borola puede disfrutar de la oportunidad en turno por algunos días).

Hemos dicho que Borola es quien lleva todo el peso de la inmensa mayoría de los capítulos de la historieta, el mismo Vargas ha expresado la intención de que Borola tuviera el punto de vista feminista.[10] En varios números del año 1954[11] se narra la ascención de Borola hacia la fama como la “exótica loca” que inicia con un teatro improvisado en los lavaderos de la vecindad hasta que, gracias a su talento para divertir a la gente, se logra presentar en los teatros más importantes de la República mexicana bailando y cantando su famoso “así cuchichí, así cuchichí, así cuchichí” y afirma ser “la exótica más famosa de mil novecientos cincuenta y cuatro.”[12] Ya Lefebvre apuntaba que es en las mujeres en donde gravita el mayor peso de la cotidianidad y Monsiváis considera a Borola como la única pícara del siglo XX y la describe como:

Desfachatada y cínica, provista de una regocijante vanidad, a la energía de Borola nada la arredra: organiza peleas de box entre mujeres, convierte a su vecindad en arena de box o de lucha libre, es mujer de negocios sin capital adjunto, hace rifas fraudulentas (en uno de sus mejores episodios pasa junto a un carro último modelo, le coloca un letrero de “se rifa”, vende todos los boletos y se va), trabaja de cantante sentimental en una carpa, se lanza para diputada, por el cienavo distrito, gana, la despojan de su triunfo mediante el robo de las urnas y, encolerizada y con el apoyo de sus vecinas, se lanza a una insurgencia desarmada, la “revolufia”, con todo y toma de azoteas donde canta “La Adelita”, para asegurar “el frijol de sus chilpayates”. Casi a la fuerza, Borola, entre otras gracias, es una imagen simplificada de una especie hasta hace poco de moda, el político a la mexicana. [...] Es malvada, chismosa, falsamente solidaria, lo que haga falta. Incansable, dinámica, ama de casa que no se resigna a serlo...[sic.][13]

c) El empleo del tiempo libre: es en este apartado en el que Borola logra desenvolverse con mayor soltura, sobre todo cuando sueña que es rica y puede gozar siempre del ‘Champán para ricos’ y de un ‘ambiente de mucho despiporre’. Es el tiempo libre el que le permite a Borola experimentar formas inimaginables de obtener qué llevarse al comedor. (que en lenguaje burrón es la boca) Sin embargo se enfrenta siempre a la poca imaginación de la realidad y debe regresar a preparar la cena para su marido.

La historieta conserva, como ese imaginario colectivo largamente construido, las carpas y los artistas de barriadas como el maestro en ventriloquía Telesforeto Colín y su muñeco Pompeyo, los niños músicos como Sinfónico Fonseca, Aluvia Salpicón o el mismo Foforito, y ni hablar de las exóticas y las giras por toda la República, los recorridos diarios que siempre incluían un parque (limpio y con su fuente limpia también) donde uno podía apropiarse del espacio.

Si analizáramos cada uno de los personajes nucleares de la Familia Burrón muy bien encontraríamos aquellos rasgos que nos mencionó Lewis o las características de las que nos habló Bartra. Hagamos pues un pequeño intento.

Borola, si la analizamos a través de la propuesta de Lewis, vive sumergida en la subcultura de la pobreza pues si bien no presenta los sentimientos de desesperación, indefensión, desesperanza ni una estructura endeble del ego sino que muestra un continuo ingenio y la esperanza de que se puede, la decisión, en el plano individual aparenta independencia y autosuficiencia; logra ciertos niveles continuos de organización comunitaria pero, al ser tan poco duraderos, la regresan irremediablemente al sistema de la subcultura de la pobreza, por otro lado mantiene una visión de la vida en el presente inmediato, un bajo o nulo control sobre sus impulsos y una clara tendencia hacia la matrifocalidad.

Regino, a su vez resulta el contraste pues simboliza lo moral, el decoro, la propiedad, el respeto a las instituciones, al trabajo y al deber ser. Desde los primeros años de la historieta es desplazado por Borola aunque él sigue tratando de cambiar a su esposa: [Regino le dice a Borola] “al estar casada conmigo harás lo que yo disponga en bien tuyo y en el de mis hijos, [Borola le responde] ¡Oye, Oye! ¿Quién te autorizó a que te metas en mis asuntos?”
[14] Sin embargo también en el año 1954 Regino golpea fuertemente a Borola por no obedecerla.

Si bien ésta es la pareja protagonista, existen en la historieta muchos otros personajes que simbolizan diferentes aspectos de la vida cotidiana en la Ciudad e incluso aparecen personajes de ficción como extraterrestre o vampiros. El contraste social, por ejemplo, está simbolizado por la tía Cristeta, mujer ‘chorromillonaria’ que, en compañía de su inseparable secretaria y consejera Boba Licona y su cocodrilo Pierre, ocupa su vida en catar vinos, coquetear y luego despreciar a magnates internacionales, sin dejar de preocuparse continuamente por el hambre de los aztecotas, tanto así que en uno de los capítulo, envía víveres en cohetes espaciales rumbo a la Bondojito y Peralvillo. También como contraste, pero en sentido inverso, encontramos a Ruperto Tacuche quien, después de varias malas experiencias, ha decidido dejar de ser un ladrón, sin embargo los azules lo siguen persiguiendo, acosando, reprimiendo. Él tiene toda la intención de no volver a los malos pasos y Bella Bellota, su novia, y el hijo paralítico de ésta lo acompañarán siempre.

Para Bartra también hay mucho que decir de la historieta en tanto reflejo de la economía de la escasez. Briagoberto Memelas, el mandamás de ‘La Coyotera’, es el cacique por antonomasia, el representante de esa ‘institución’ que tanto terreno ha adquirido a lo largo de la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, Vargas —quien nació en Tulancingo, pero se crió en la Ciudad de México— no nos muestra caciques criollos o adinerados, sino aquellos que tienen el puesto debido, por ejemplo, a su ‘aguante’ para la baba de oso (pulque pues):

Caperuzo y Caledonia mandan en el Valle de los Escorpiones porque son aún más prietos y salidores que el resto de sus muy prietos y salidores súbditos, y Briagoberto es el padre de La Coyotera porque en ese pueblo pulquero no hay quien le gane en seguirle la hebra al tlachicotón.[15]

Los caciques de Vargas son los que organizan al pueblo, los que hacen y deshacen, que se mantienen en continua comunicación con la comunidad entera, pues “el campo mexicano es socialmente denso y entreverado, un mundo de comunidades agrarias donde quienes ejercen hegemonías informales adquieren inevitablemente el talante de caciques.”
[16]


Para Bartra existen muchas analogías entre lo narrado en los capítulos del campo y aquellos en los que la situación a contar se desarrolla en la Vecindad del Callejón del Cuajo debido a que ambos ambientes, el rural y el periférico —por condición más que por ubicación— reproducen los mismos sistemas de supervivencia.

Si para Monsiváis la protagonista de la historieta es la Vecindad en tanto que micro y macrocosmos y, entendida como “el espacio clásico de la imaginación popular hasta fechas recientes” [17], Para Bartra el verdadero protagonista es el colectivo —ya sea urbano o rural—, esa humanidad profunda que mantiene sus añejas socialidades y que da cuenta de nuestra verdadera identidad, que aún encomia su origen agrario y resiste afianzándose cada vez más:

El México profundo –el México campesino e indígena– pervive y resiste tanto en La Coyotera de Briagoberto Memelas y el Valle de los Escorpiones del Güen Caperuzo, que son mundos propiamente agrarios, como en el Callejón del Cuajo de los Burrón y El Terregal de Susanito Cantarranas y La Divina Chuy, espacios urbanos pero tan telúricos e idiosincráticos como el que más.[18]

Ahora, si nos atenemos a Lewis, la protagonista será, indudablemente, la familia, esos cinco personajes, (unos más desdibujados que otros), que cada semana, reaccionan de maneras insospechadas para enfrentarse a la pobreza y que han hecho de ésta, su propio sistema, su ‘estilo de vida’, su cultura.

Aquí hemos dado un primer paso para una investigación que merece mucho más profundidad de análisis, sin embargo, ha sido muy satisfactorio descubrir que el mismo Bartra consideró la obra de Vargas digna de ser estudiada y dar cuenta de la capacidad de reflejo y conservación de imaginarios que parecen despedirse poco a poco de nuestra cultura urbana.












VI. BIBLIOGRAFÍA
AURRECOECHEA, Juan Manuel, “La historieta Popular Mexicana en la hora de su arqueología”,en http://www.pepines.unam.mx/index.php?vl_id_ensayo=5&seleccion=ensayos&vl_salto=1

--------------------------------------- y, Bartra, Armando, Puros Cuentos, la historia de la historieta en México 1874-1934, México: CONACULTA-Museo Nacional de Culturas Populares-Grijalvo, 1988.

------------------------------------------------------------ Puros Cuentos, la historia de la historieta en México 1934-1950, No. 2, México: CONACULTA- Grijalvo, 1988.

------------------------------------------------------------ Puros Cuentos, la historia de la historieta en México 1934-1950, No. 3, México: CONACULTA- Grijalvo, 1988.

BARBIERI, Daniele, Los lenguajes de los Comic, Barcelona: Paidós, 1993.

BARTRA, Armando, El hombre de hierro. Los límites sociales y naturales del capital, México: UACM-Ítaca-UAM, 2008.

-----------------------, Contra el Milenarismo, México: en prensa.

-----------------------, “Una Mirada al campo desde el cómic. Gabriel Vargas en San Cirindango de las Iguanas”, en La Jornada del Campo, No. 5 (12 de febrero de 2008) (Suplemento de La Jornada).

CAMACHO Morfín, Thelma, Imágenes de México. La historieta de El Buen Tono de Juan B. Urrutia, 1909-1912, México: Instituto Mora, 2002.

CASSIGOLLI Salomón, María Isabel y, Barrios Perelman, María Alicia, Poder y Medios de Comunicación masiva y vida cotidiana, México: FCPyS-UNAM, 1983.

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HERNER, Irene y, Chellet, María Eugenia, Mitos y Monitos. Historietas y fotonovelas en México, México: Nueva Imagen-UNAM, 1979.

HINDS, Harold E. y Charles M. Tatum, No sólo para niños, La historieta mexicana en los años sesenta y setenta, México: Instituto Cultural de Aguascalientes, 2007, p. 19.

LEFEBVRE, Henry, La vida cotidiana en el mundo moderno, Madrid: Alianza, 1972.

LEWIS, Oscar, Antropología de la pobreza. Cinco Familias, México: Fondo de Cultura Económica, 1961

----------------, “La Cultura de la pobreza” en Antología de Sociología urbana, comp. Mario Bassols, México: FCPyS-UNAM, 1988.

MONSIVÁIS, Carlos, “En los ochenta años de Gabriel Vargas”, en La Jornada Semanal, 10 de mayo de 1998. Tomado de
www.jornada.unam.mx/1998/05/10/sem-monsi.html.

----------------------- Palabras de Carlos Monsiváis en el homenaje a Gabriel Vargas, en La Jornada, 21 de noviembre de 2007.

RODRÍGUEZ Pérez, Claudia, “Breve historia de la Fábrica de cigarros: El Buen Tono S. A.”, en www.palabradeclio.com.mx/PCLIO/BuenTono.pdf

ROSADO Lagunes, Hugo, La historieta, vinculación y desvinculación con la vida cotidiana por la construcción sociocultural del género, la agresión y el poder, México: FCPyS-UNAM, 2001.

RUBENSTEIN, Anne, Del Pepín a los Agachados. Cómics y censura en el México posrevolucionario, trad. Victoria Schussheim, Título original Bad language, naked ladies and other threats to the nation, México: Fondo de Cultura Económica, 2004.

VARGAS, Gabriel, La familia Burrón, Tomo VI, México: Porrúa, 2005

ZALPA, Génaro, El Mundo Imaginario de la Historieta mexicana, México: Universidad Autónoma de Aguascalientes-Instituto Cultural de Aguascalientes, 2005.

[1] HERNER, Irene, Mitos y Monitos. Historietas y fotonovelas en México, México: Nueva Imagen, 1979, p. IX.
[2] Cf. AURRECOECHEA, Juan Manuel, “La historieta Popular Mexicana en la hora de su arqueología”, en http://www.pepines.unam.mx/index.php?vl_id_ensayo=5&seleccion=ensayos&vl_salto=1
[3] LEFEBVRE, Henry, La vida cotidiana en el mundo moderno, Madrid: Alianza, 1972, p. 36.
[4] HINDS, Harold E Jr. Y Charles M. Tatum, No sólo para niños. La historieta mexicana en los años sesenta y setenta, México: Instituto Cultural de Aguascalientes, 2007, p. 217.
[5] VARGAS, Gabriel, La Familia Burrón, No. 17382 (29 de enero de 1978), pp. 3-4.
[6] Ibid, No. 1547 (año XVIII, 29 de abril de 2008), p. 15.
[7] VARGAS, Gabriel, Op. Cit., Tomo VI, México: Porrúa, 2005, p. 35 I.
[8] Ibid, No. 17311 (12 de septiembre de 1976).
[9] Ibid, No. 16459 (17 de febrero de 1958).
[10] Entrevista a Vargas, 1978.
[11] Cf. Los números 16142, 16143, 16146, 16147, 16148, 16151, 16153, 16158 de La familia Burrón, año 1954.
[12] VARGAS, Gabriel, La familia Burrón, No. 16142 (2 de septiembre de 1954), p. 10.
[13] MONSIVÁIS, Carlos, “En los ochenta años de Gabriel Vargas”, en La Jornada Semanal, 10 de mayo de 1998. Tomado de www.jornada.unam.mx/1998/05/10/sem-monsi.html.
[14] VARGAS, Gabriel, Op. Cit., No. 16142 (2 de septiembre de 1954), pp. 28 y 31.
[15] BARTRA, Armando, “Una Mirada al campo desde el cómic. Gabriel Vargas en San Cirindango de las Iguanas”, en La Jornada del Campo, No. 5 (12 de febrero de 2008) (Suplemento de La Jornada).
[16] Idem.
[17] MONSIVÁIS, Carlos, “En los ochenta años de Gabriel Vargas”, Op. Cit.
[18] BARTRA, Armando, “Una Mirada al campo desde el cómic. Gabriel Vargas en San Cirindango de las Iguanas”, Op. Cit.

domingo, 21 de febrero de 2010

miércoles, 10 de junio de 2009

Invitación


La exposición estará en el Palacio de Bellas Artes a partir del 5 de junio. Aquí les dejo una postal que hice para que conozcan un poco de ella.

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Qué es un estanquillo?

Que el Estanquillo es un Museo, no señor. Lo que pasa es que la palabra —como las imágenes— se agota de ser tan usada. Ahora resulta que en la web uno busca “estanquillo” y le salen puros monsis. Caray, qué poca memoria.

Qué pasó con “Los farolitos” onde mi apá iba por el pulque, o de “Las chulas” que tanto miedo provocaba en mi niñez, pero que hizo posible completar mi colección de máscaras de luchadores sobre una planilla de papel de estraza; o del estanquillo cuyo nombre mi madre no se acuerda, pero cómo gozaba el grito que, desde el interfón, le anunciaba que tenía una llamada telefónica. ¡Ah! Que ilusión le daban a mi madre esas llamadas, importantísimas sobre todo cuando tienes piernas flacas y tienes pesadillas de que aún no te has casado. Sí lectores, mi mamá era una mujer de antaño, de esas que soñaban con el ‘blanco’ (ustedes me entienden), pero cambió. —Y ¡qué cambio!— Desde entonces agradezco la política ojete de un gobierno que avergüenza, la jubilación del machista de mi padre que lo convirtió en un hombre tierno y sensible ante el profundo sentimiento de inutilidad, sentimiento bastante gratuito pero que a los ochenta años de mi padre, aún puede carcomerle la autoestima.

Pero andábamos criticando al Monsi, al Museo y a la poca memoria del chilango.

Fíjense nomás, por ejemplo, el diccionario de la lengua española ofrece como definiciones de la entrada “estanquillo” las siguientes variantes:

  1. m. Local donde se venden géneros estancados. (Pero qué tiene un queso de estancado, si es de lo más fresco).
  2. amer. Tienda pobremente abastecida. (sin comentarios, sólo digo — elegantemente, — véase la Fig. 1)
  3. amer. Taberna de vinos y licores. (pues hágase lo mismo que en la pomposa instrucción de más arriba)

Fig. 1. La que se tiene que mirar si ha leído usté arribita.

Foto sacada de la maqueta expuesta en el Museo del Estanquillo porque, a pesar de mi crítica anterior, y de lo que digan mis amigos y/o parentela, amo al Monsi.


Así que ante estas limitadas acepciones de la riqueza cultural que se desprende del concepto estanquillo es que me propuse escribir el presente artículillo.

Pero cuál “pobremente abastecida”, si el estanquillo era la tienda por antonomasia en donde se conseguía desde la corcholata hasta la llamada telefónica capaz de cambiar la vida, de nuevo, de mi madre. Otra cosa es que el tiempo y las continuas devaluaciones del peso fueran haciendo añicos esos establecimientos que en 4 x 4 m. funcionaban como jarciería, abarrotes, molino de moles y chiles secos, expendio de pulque, expendio de semillas, bonetería, materias primas, cremería, salchichonería, tlapalería, carbonería, teléfono público y quién sabe qué tanto más.

Un ejemplo actual del uso de la palabra lo podemos encontrar en este aviso oportuno sacado del periódico (por internet).



Figs. 2 (arriba) y 3 (abajo) Anuncios clasificados tomados de periódicos por internet.


Intento demostrar la polisemia de esta palabra mediante estos anuncias, en el primero (imagen a la izquierda) podemos leer la función: “para la venta de gorditas dentro de la plaza principal”, es decir, el estanquillo iba a servir para un uso específico, olvídense de todo lo que dije en el párrafo anterior. Aquí estamos ante otro fenómeno: estanquillo = local.

En el segundo anuncio la palabra “caseta” se considera sinónimo de estanquillo. Sus características están totalmente descritas (medidas, ubicación, mobiliario, aperturas y la ventajosa posibilidad de desarmarse), es decir, nos encontramos ante otra clase completamente distinta de estanquillo.

Sin embargo mi niñez guarda, celosamente, esta imagen (Fig. 4). La de un local con un viejito, como de muñequito de porcelana, atendiendo.


En la canción de Peter Manjarrés tenemos una muestra para la tercera acepción que nos otorga el diccionario: taberna de vinos y licores.







martes, 28 de abril de 2009

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sábado, 25 de abril de 2009


A un Dios no le gusta que lo cambien.

El Mégaron en territorio griego.

En la época minoica y micénica, según nos cuenta Vian, existen tres áreas religiosas autónomas: “la naturaleza salvaje (montañas y cavernas), los campos y los palacios”, en este trabajo nos enfocaremos a las dos últimas áreas religiosas, es decir, al campo con su culto agrario pero que también será celebrado en los palacios.

Hablamos pues de dos formas paralelas de ritual, por un lado el producido dentro de un palacio en el que existía un referente natural de la divinidad: la rama florecida y, por otro el que se ofrecía a las divinidades al aire libre que, a su vez, tenía el referente de ese núcleo palaciego mediante el cercado. Vemos entonces que las primeras ceremonias, aunque eran efectuadas en el exterior, sí se llevaban a cabo dentro de un marco, es decir, un núcleo cercado que se constituía posiblemente por el propio ámbito natural. Incluso es probable, que como los lugares sagrados se dedicaban a una divinidad, se realizaran también en torno a su símbolo como objeto depositario de fe, es decir, alrededor del espacio no construido de la divinidad, de modo que el paso inicial del “altar a cielo abierto” a la habitación del dios, consistió en la sustitución de uno que otro elemento de la naturaleza, por otro trabajado por el hombre hasta formar una estructura arquitectónica que albergaba a ese primer referente físico para “dotarlo” de su propia habitación.

Sabemos a través de las diferentes teorías de investigadores como Chadwick, Renfrew y Blegen, que el pueblo griego es el resultado de una serie de migraciones que llegaron al territorio denominado “griego” desde diferentes puntos geográficos, y que su cultura mantuvo influencias constantes directas e indirectas mediante el comercio y la navegación. Dichas influencias tienen verificación irremediablemente en las estructuras arquitectónicas.

De hecho, un jeroglífico egipcio representa ya una habitación en planta a la que Müller clasificó como habitación de muros cortos o habitación ancha. Esta planta se constató por primera vez en Mesopotamia y su desarrollo mantuvo claramente los lazos de relación que, como prototipo original, la unen con los diversos mégara griegos y anatólicos. A partir de esta estructura original podemos clasificar estas tipologías en dos grandes paradigmas iniciales, los mégara o habitaciones de muros rectos con cuatro variantes: sin pórtico, con pórtico, con división de la cella y, por último, con subdivisiones y presencia de adyton, y las casas absidales en las que el muro testero o cabecero está conformado por un ábside.

En cuanto a su funcionamiento, el mégaron inicialmente, era la parte central de un conjunto palacial, sus funciones eran mayormente administrativas y por tanto era también la zona más pública, en la que siempre había un constante flujo de funcionarios, turistas, sirvientes, etc. Las tablillas de lineal B que parecerían para nosotros simples anotaciones de inventarios, para el habitante del palacio, inmerso en ese contexto, reflejaban claramente una religiosidad allegada al ámbito doméstico en el que el da-mo (pueblo) tenía una activa participación.

Se ha señalado también la posibilidad de que existiera un culto a las imágenes en la Grecia Micénica y hallazgos de figurillas de arcilla demuestran esta posibilidad. García Iglesias afirma que los lugares reservados para el culto de una o más divinidades existían en los conjuntos conocidos como ciudades-palacio, sin embargo, las características arquitectónicas de estos edificios no se diferenciaban en mucho de las construcciones consideradas no religiosas. La prueba más contundente de la presencia de contextos específicos para la actividad religiosa, la otorgan las tablillas encontradas en los distintos archivos que contienen incluso, denominaciones particulares a cuatro divinidades bien conocidas: Poseidón, Perséfone, Ifimedes y Zeus. Estas referencias al carácter religioso de un mégaron como estructura palacial fundamentalmente administrativa muestran la estrecha relación que existía entre estos dos ámbitos de la vida micénica.

El uso del término es mucho más versátil que la función de dicha estructura. En los textos griegos podemos encontrar el término me&garon utilizado en singular para designar “sala larga o principal” o incluso “recámara” mientras que en plural denota “casa o palacio”; con el sentido de “santuario, relicario o altar” lo encontramos mencionado sobre todo en Tucídides.

Apolonio de Rodas es el autor que utiliza el término con mayor número de acepciones. En los Argonautas, por ejemplo, encontramos el uso del sustantivo (e0n + dativo plural) con el significado de estancias o salas y en el libro tercero utiliza la palabra para designar el palacio de Eetes. Es también este autor quien nos ofrece en 4.691-711, una descripción muy detallada de un ritual llevado a cabo dentro de un mégaron, en el cual se habla del sacrificio de una cría de cerdas, de libaciones, de súplicas y de ofrendas expiatorias, lo que confirma el significado religioso del término. También se mencionan un hogar y asientos como parte del mobiliario.

Otro ritual realizado en el interior de un mégaron es el descrito por Homero en la Odisea XXII, 481-494. Cuando Ulises, que acaba de llegar a su palacio, le pide a la sirvienta lo necesario para prender el fuego del hogar al interior de la sala pues es lo más importante antes de llamar a Penélope y sus esclavas:

Tráeme azufre, ¡oh anciana!, remedio de males, y trae / también fuego, que voy a azufrar el salón. Después corre / a Penélope y dile que venga en unión de sus siervas / y que vengan las otras esclavas que en casa han quedado.

En el tercer libro de Los Argonautas también podemos encontrar toda una descripción del Palacio de Eetes, en el cual Apolonio está inspirado claramente en dos pasajes de la Odisea, el primero (VII, 81 y ss.), cuando Odiseo llega al palacio de Alcínoo y el segundo (V, 69-73) que describe la viña y las cuatro fuentes de Calipso.

El fragmento de Apolonio habla de la puerta central del palacio que estaba labrada con metal y que a su lado había muchas puertas de doble batiente. Esta descripción es característica de los palacios micénicos pues la puerta principal o central estaba ubicada en el camino de mayor tráfico, sin embargo el conjunto palacial podía contar con más accesos dispuestos en vías secundarias. De la misma manera la disposición de las alcobas a ambos lados de lo que supondríamos una gran habitación central o mégaron y el pórtico con finas decoraciones nos recuerdan el palacio de Pilo con su mégaron de la reina.

En la épica homérica, la palabra mégaron también puede significar, dentro de un palacio micénico, la sala de las mujeres o el salón como en Odisea, XVII. 602-606:

...una vez satisfecho a placer de manjar y bebida, el camino emprendía a la majada dejando el recinto y el salón todo lleno de gente entregada a los goces de la danza y el canto...

Como santuario, relicario o altar, es encontrado frecuentemente en Heródoto quien utiliza el sustantivo con este único sentido. En I, 47, 2, la palabra contiene, a todas luces, no sólo un significado religioso sino que más que santuario o altar, el mégaron funciona como oráculo en Delfos el cual los lidios consultaron

... e0n de_ Delfoi=si, w9j e0sh=lqon ta&xista

e0j to_ me&garon oi9 Ludoi_ xrhso&menoi tw=| qew=| kai_ e0peirw&twn to_ e0ntetalme&non, h9 Puqi&h e0n e9came&trw| to&nw| le&gei ta&de: Heródoto, Historia, I, 47, 2

... pero en Delfos, inmediatamente que los lidios entraron al templo para consultar al dios y preguntaron lo prescrito, la Pythia, en ritmo hexámetro dijo así.

(Trad. Arturo Ramírez Trejo)

También importantísimo es el fragmento I, 65, 2 de las Historias de Heródoto:

...Lukou&rgou tw=n Spartihte&wn doki&mou a0ndro_j e0lqo&nqoj e0j Delfou_j e0pi_ to_ xrhsth&rion, w9j e0sh&ie e0j to_ me&garon, i0qu_j h9 Puqi&h le&gei ta&de:

3Hkeij, w0= Luko&orge, e0mo_n poti_ pi&ona nho_n

Zhni_ fi&loj kai_ pa=sin 0Olu&mpia dw&mat' e1xousi.

di&zw h1 se qeo_n manteu&somai h2 a1nqrwpon:

a0ll' e1ti kai_ ma=llon qeo_n e1lpomai, w0= Luko&orge.

Heródoto, Historias, I, 65, 2

Licurgo, un varón distinguido de los espartanos, habiendo ido hasta Delfos para el oráculo, en cuanto entra al santuario, la Pythia le dice esto:

Llegas, oh Licurgo, hasta mi rico templo, amado por Júpiter y por todos los que tienen olímpica morada, vacilo si vaticinarte habré como un dios o como un hombre. Y sin embargo, más bien un dios te creo, oh Licurgo.

(Trad. Arturo Ramírez Trejo)

Encontramos aquí el término utilizado dentro de un contexto con palabras del mismo campo semántico: como la variante dialectal jónica nho&j-ou cuya correspondencia ática es na&oj, o el sustantivo dw=ma-atoj. La relevancia de este fragmento radica en que, gracias a él, podemos darnos cuenta de que la tradición literaria griega diferenciaba el uso de estos tres sustantivos de acuerdo con el sentido religioso de los mismos, así, mientras que me&garon mantenía un valor religioso estaba claramente diferenciado de nao&j y, a su vez, de dw=ma que refería un ámbito meramente doméstico y no ya religioso. Incluso se especifica el oráculo con el uso de la palabra xrhsth&rion.

En 2, 141, 3, al término estudiado se une la palabra i9re&a –en lineal B: i-je-re-u o i-je-re-ja–, que marca un claro contexto religioso y denuncia una actividad de culto bien establecida en donde las funciones administrativas y religiosas estaban concentradas en una misma persona.

En plural, me)gara puede denotar los fosos consagrados a Deméter y Perséfone en los que se ofrendaba un lechón durante las Tesmoforias como lo muestra el fragmento 9.8.1.5-9.8.1.9 de la Descripción de Grecia de Pausanias:

Llaman a las diosas, en un tiempo determinado y representan su acostumbrado ritual, una parte del cual consiste en dejar que se pierdan crías de cerdos dentro de lo que es llamado “los fosos”. En el mismo tiempo, al año siguiente, estos cerdos aparecen, dicen, en Dodona.

Esta ponencia lleva por título la afirmación de que a un Dios no le gusta que lo cambien por lo que expondremos, a manera de cierre, la posibilidad de que el mégaron sea el origen o, mejor dicho, el punto de partida de los posteriores templos dóricos arcaicos. Habrá que considerar al templo como un elemento consciente del diseño arquitectónico que se asienta en un terreno escogido, definido y dispuesto para él, por lo que el hecho de que los griegos arcaicos quisieran construir sus templos en donde alguna vez los dioses ya habían sido hospedados y deleitados, es un argumento que sustenta esta posibilidad.

Por lo tanto afirmamos que el templo tuvo una serie de modificaciones en su imagen y que su construcción se limitaba al manejo de tres elementos fundamentales: terraza o, mejor dicho, plataforma; apoyos verticales o portantes y cubiertas. Que dichas modificaciones en nada alteraron la cámara del dios.

Sostenemos que ésta se deriva de un “prototipo básico” porque la construcción griega de templos se formulaba en la necesidad de resolver una prolongada búsqueda de la forma justa para la habitación o casa del dios. Sin embargo, algunos supuestos fundamentales se mantuvieron de manera ininterrumpida. Estos supuestos se referían principalmente a dos aspectos: el primero, que el interior del templo pertenecía casi exclusivamente al dios y como las necesidades domésticas de los dioses se tenían por sencillas e inalterables, este núcleo o prototipo se modificó muy poco a lo largo de los siglos salvo en lo que respecta a la escala.

De esta forma, la única jerarquización que se dio al templo en sus inicios fue, por un lado, el emplazamiento de éste en un terreno central dentro del territorio de la polis; por otro, que la cámara del dios se alzaba sobre una plataforma elevada. El segundo aspecto que se mantuvo sin interrupciones indicaba que la dignidad propia del dios, que debía estar manifestada en el templo, se lograba mediante la adición de un pórtico o pórticos en los extremos. Los muros laterales se protegieron mediante columnatas sobre las que se prolongó la techumbre satisfaciendo con esto la necesidad de expresar la jerarquía y dignidad del dios mediante la forma, es decir, mediante el uso de elementos arquitectónicos.



miércoles, 18 de marzo de 2009

El Mapa de Upsala


1555 ca. SANTA CRUZ, Alonso de (firmó). Sin Título. Conocido como «Mapa de Upsala».

Plano a color de 90 x 60 cm., sin escala y sin orientación.

Impreso

Museo Etnográfico

Estocolmo Suecia.

Bibliografía: Espinosa López [2003: 41-44]; Ortiz Lajous [1994: 92]; Sartor [1992: 28-29]; Toussaint [1938: 127-166]



En palabras de Terán «para muchos, cruzar el Atlántico tenía bastante que ver con ir a la Utopía»[1]. Esta pieza es entonces una muestra de eso que iba a ser, una muestra del arte que no viaja materialmente, del arte que viaja como una construcción mental pero sí demuestra convergencias tangibles.

En el urbanismo novohispano podemos apreciar claramente la dualidad en la concepción del espacio urbano, mientras que durante el Renacimiento éste se concebía como un continuo global en el que la ciudad era una extensión del así llamado sueño del orden (que no era otra cosa que una manifestación conceptual que pretendía definirse mediante la organización de un espacio físico), la conciencia surgida a partir del conocimiento de una nueva escala planetaria aunada a la herencia multicultural de los hombres del sur de la península española –quienes fueron los que desempeñaron una parte muy significativa de la colonización y que llevaron consigo una cargada memoria urbana y experiencias espaciales peculiares – verificó una realidad urbana transcultural en la que además de la sobreposición de la cultura conquistadora y su traza, pervivieron relaciones y materializaciones del espacio cuyo origen era ya mesoamericano. La geometría debía plasmar el nuevo orden fundado, sin embargo en asentamientos de culturas dominantes y avanzadas como la azteca y la inca este planteamiento generó diferentes realidades concretas.

El plano que se expone aquí es el único documento conocido con el que contamos para reconstruir el estado de la Ciudad de México en el siglo XVI, pues es el primero según Justino Fernández que «representa la ciudad española y permite darnos una cabal idea de la región de México y su laguna a mediados del siglo XVI», aunque se sabe, por descripciones, que existieron más[2]. Está hecho en piel con barniz rojo por lo que se considera un códice poshispánico y es de carácter pictográfico pues, en palabras de Toussaint «los monumentos y aun ciertos detalles naturales están representados de modo que procuran reproducir a la naturaleza, o por lo menos dar idea de la forma que afectaba en la realidad». Fue atribuido en un inicio a Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo de Carlos V debido a que aquél publicó un plano semejante en sus islarios y en el que asienta varios errores que cualquiera que haya viajado a Nueva España no cometería (por ejemplo coloca las casas de manera desordenada y varios nombres de poblaciones los escribe erróneamente) sin embargo hay autores como Ortiz Lajous que afirman que fue elaborado por los estudiantes del Colegio Imperial de la Santa Cruz de Tlatelolco y León Portilla asegura que, después de elaborado, fue enviado a España por el Virrey Antonio de Mendoza. Actualmente la hipótesis más aceptada es que fue elaborado por manos indígenas pero con la guía de un europeo.

Su trascendencia radica en que muestra cómo se habían conjuntado las dos visiones urbanas –la mesoamericana y la hispana– formando el urbanismo novohispano que adoptó las siguientes características: trazos ortogonales para las redes viales, una plaza central de geometría simple rodeada por las principales edificaciones tanto civiles como religiosas, accesos que llegan desde el exterior mediante amplias calzadas de trazo recto y que continúan para convertirse en vialidades principales en el interior del área urbana, paramentos retos y continuos, un área periférica con predios de mayores dimensiones e integrada al entorno rural, carencia de murallas o límites verticales que retardaran o impidieran el crecimiento urbano. Representa 36 edificaciones reconocidas dentro y fuera de la traza –6 de las cuales se reconocen por diversos historiadores–, las acequias, las calles y los caminos principales.


Bibliografía

Espinosa López 2003

Enrique Espinosa López: Ciudad de México. Compendio Cronológico de su desarrollo urbano. México.

Ortiz Lajous 1994

Jaime Ortiz Lajous. Ciudades coloniales mexicanas. México.

Sartor 1992

Mario Sartor: Arquitectura y urbanismo en Nueva España. Siglo XVI. Italia.

Toussaint 1938

Manuel Toussaint et al. Planos de la Ciudad de México. Siglos XVI y XVII. Estudio histórico, urbanístico y bibliográfico. México.


[1] Fernando de Terán: «Los Límites Territoriales del Sueño de un Orden», En: Andalucía en América. El Legado de Ultramar, Barcelona, 1995, p. 102.

[2] Don Luis González Obregón en su Reseña Histórica del Desagüe del Valle, habla de un plano presentado por el Padre Francisco Calderón, a raíz de la inundación de 1629 y que era una pintura indígena de época precortesiana, además de otra pintura que también consiguió dicho Padre y que le había sido a su vez proporcionada por un indio anciano de Santiago Tlatelolco ejecutada después de la llegada de los españoles. Se sabe también que el Virrey Velasco, al ser nombrado presidente del Consejo de Indias, recogió, con ocasión de buscar el sumidero de la laguna, todos los datos y pinturas que presentaron los indios que registraron en ese tiempo los sumideros de la laguna. Cf. Justino Fernández: «Estudio Urbanístico» [del Plano atribuido a Alonso de la Santa Cruz], En: Manuel Toussaint, op. cit., pp. 108-109.